
Foto: Research Land
Jubilarse dignamente es el sueño de millones de trabajadores en México, aunque la mayoría lo ve imposible
Hablar de jubilación en México en 2025 es hablar de una aspiración que se tambalea entre la esperanza y la resignación. Para la mayoría de los trabajadores, la idea de retirarse dignamente parece más un mito que una meta alcanzable.
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Las cifras lo confirman: el 41% de los mexicanos cree que jubilarse es una meta que solo unos pocos pueden alcanzar, y otro 34% reconoce que solo es posible si se planea con mucho cuidado. Apenas un 15% afirma que todo depende de cada caso y un 10% se muestra pesimista y considera que jubilarse es mito.
Lo preocupante no es solo la percepción, sino lo que revela de fondo: un país donde la vejez se vive más como un desafío económico que como una etapa de descanso. En otras palabras, para millones de mexicanos, la jubilación no es el cierre tranquilo de una vida laboral, sino la antesala de la precariedad.
Uno de los datos más contundentes es el nivel de desconocimiento sobre el propio sistema de pensiones: apenas 13% se declara muy informado, mientras que más de la mitad (52%) dice estar “algo informado” y un preocupante 35% admite tener poca o nula información.
Esta desinformación se traduce en decisiones tardías, falta de planeación y dependencia excesiva de sistemas que los propios ciudadanos consideran insuficientes. La consecuencia es clara: quienes llegan a la etapa de retiro lo hacen sin un panorama claro de qué esperar, y en muchos casos descubren demasiado tarde que lo ahorrado no será suficiente.
Cuando se pregunta si cuentan con un plan financiero para su jubilación, los resultados exhiben otra realidad alarmante: casi la mitad de los mexicanos (48%) no tiene un plan definido.
Y entre quienes sí lo tienen, se distribuye entre las siguientes herramientas.
En otras palabras: el grueso de la población depende de sistemas que considera ineficaces o de ahorros que no alcanzan. Esto genera una sensación de inseguridad que acompaña a los trabajadores incluso antes de dejar de laborar.
¿Por qué tantos mexicanos carecen de un plan de jubilación?
Las respuestas son tan crudas y reveladoras: 54% afirma que simplemente no le alcanza para ahorrar, mientras que un 31% confiesa que nunca lo ha considerado seriamente. Otro 5% planea seguir trabajando toda la vida, 3% dice no confiar en los sistemas financieros y un 2% espera depender de su familia.
Estos datos pintan un país en el que el ahorro para el retiro aparenta un privilegio y no un derecho, una meta accesible solo para quienes tienen ingresos superiores a la media. La mayoría vive al día, atrapada en una economía que obliga a priorizar la supervivencia inmediata sobre la previsión futura.
Si se pregunta a los mexicanos cuál debería ser la edad para jubilarse, parece que todos conocen la respuesta: 50% considera que debería ser entre los 60 y 65 años, un 40% lo sitúa antes de los 60 años. Apenas un 5% acepta la idea de retirarse entre los 66 y 70 años y tristemente un 5% piensa que el retiro debería ser después de los 70 años.
El problema es que la realidad va en sentido contrario. Con una esperanza de vida en aumento y un sistema de pensiones debilitado, cada vez más trabajadores deberán prolongar su vida laboral más allá de lo deseado. Así, la jubilación anticipada es vista más como un sueño que como una posibilidad concreta.
La correlación entre estos datos muestra una verdad incómoda: en México, jubilarse dignamente es un privilegio de pocos y una ilusión para la mayoría. La gente lo sabe, lo percibe y lo vive. No se trata solo de ahorrar más, sino de enfrentar un sistema que no garantiza estabilidad en la vejez.
La jubilación se ha convertido en un tema de desigualdad social: quienes tienen mejores empleos y acceso a planes privados pueden aspirar a un retiro digno; quienes sobreviven con ingresos bajos deben resignarse a trabajar más tiempo o depender de sus familias.
México enfrenta un reto estructural: redefinir su sistema de pensiones y cultura de ahorro. Sin reformas profundas y sin una estrategia que haga viable el retiro digno, la jubilación seguirá siendo más un mito que una meta.
La pregunta que queda en el aire no es si los mexicanos quieren jubilarse —todos coinciden en que debería ser posible—, sino quién podrá hacerlo en condiciones de dignidad. Porque mientras el discurso oficial hable de reformas y proyecciones, la realidad seguirá siendo la misma: para la mayoría, envejecer en México significa seguir trabajando.