
Foto: Cuartoscuro
La Sedena reporta que en siete años se detectaron más de 300 vuelos ilegales, concentrados principalmente en Sonora, Baja California y Chiapas.

De acuerdo con datos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), recopilados por Reporte Índigo, cientos de aeronaves vinculadas con actividades de la delincuencia organizada han surcado los cielos mexicanos en los últimos siete años.
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Entre 2018 y 2025 se detectaron al menos 331 vuelos ilegales, de los cuales la mayoría se concentraron en la frontera norte y en estados del sur.
Los registros oficiales destacan que Sonora encabeza la lista con 77 vuelos ilegales, seguido de Baja California con 45 y Chiapas con 40.
Estas tres entidades representan casi la mitad de los incidentes registrados en todo el país.
Además de los estados fronterizos y del sur, también se identificaron operaciones en otras regiones.
Campeche registró 30 vuelos, Quintana Roo 28, Oaxaca 18 y Chihuahua y Sinaloa 16 cada uno.
En la lista también aparecen Tabasco (9), Jalisco (6), Michoacán (6) y Veracruz (6), mientras que entidades como Zacatecas, Morelos y San Luis Potosí apenas tuvieron un caso reportado en el mismo periodo.
En total, la Sedena reporta que se logró la detención de 40 aeronaves en todo el país, aunque la mayoría logró evadir las acciones de las autoridades.

En el documento “Memoria Documental. Protegiendo el Espacio Aéreo Nacional”, la Sedena reconoció que, pese a la adquisición de nuevo equipo y la implementación de proyectos tecnológicos, el crimen organizado ha mantenido una fuerte presencia en el espacio aéreo mexicano.
“La Defensa realizó diversas acciones y proyectos que le permitieron duplicar sus capacidades para vigilar el espacio aéreo nacional”, se lee en el informe citado por Reporte Índigo.
Sin embargo, las autoridades admiten que los grupos criminales han sabido aprovechar la extensión del territorio mexicano y las limitaciones para cubrir la totalidad del espacio aéreo.

Los datos muestran un patrón: las entidades más afectadas son las que cuentan con frontera con Estados Unidos o las que sirven de ruta para el tráfico de drogas hacia Centroamérica y Sudamérica.
La Sedena explicó que la instalación de radares y sistemas de vigilancia ha permitido ubicar aeronaves sospechosas, aunque el desafío persiste debido al constante cambio de rutas y estrategias por parte de las organizaciones criminales.