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Research Land

El último propósito de año nuevo ¿Por qué no queremos ayudar?

Dentro de las aspiraciones personales, la solidaridad ocupa un lugar marginal según la encuesta

Nota de Research Land sobre los propósitos de Año Nuevo

Foto: Research Land

Redacción  Polls MX

Redacción Polls MX

Publicada: ene 16 a las 15:10, 2026

El inicio de un nuevo año suele presentarse como un momento de renovación personal. En México, como en muchos otros países, los propósitos de Año Nuevo funcionan como una promesa íntima de cambio: mejorar la salud, ordenar las finanzas, viajar más o simplemente sentirse mejor consigo mismo. Sin embargo, cuando se observa con detenimiento qué aspiraciones dominan este ritual anual, queda claro que la solidaridad ocupa un lugar marginal. Ayudar a otros, participar en causas sociales o pensar en el bienestar colectivo aparece como el propósito menos elegido, lo que dice mucho sobre el estado emocional y social del país.

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Este fenómeno no necesariamente refleja indiferencia moral, sino una sociedad cansada, presionada y cada vez más concentrada en sobrevivir. Los deseos más comunes al comenzar el año se concentran, sin sorpresa, en el ámbito personal el 66% prioriza bajar de peso o hacer más ejercicio, y 23% se enfoca en ahorrar dinero o mejorar sus finanzas. En conjunto, casi 9 de cada 10 personas colocan sus esfuerzos en el cuerpo y el bolsillo.

Muy lejos de estas prioridades aparece ayudar a otras personas o ser más solidario, con apenas 10%, mientras que viajar más queda prácticamente fuera del horizonte, con solo 1%. Los propósitos de Año Nuevo reflejan una lógica de auto cuidado. En un entorno marcado por incertidumbre económica, inseguridad y desgaste emocional, las personas concentran su energía en aquello que perciben como más urgente y controlable. La solidaridad no desaparece, pero se pospone.

Paradójicamente, cuando se pregunta qué se siente al ayudar a alguien o participar en una causa, la respuesta dominante no es negativa ni indiferente. Predomina la paz o el bienestar emocional (65%), seguida por sensaciones como sentirse reconocido o valorado (14%), y en menor medida sentir menos culpa frente a las desigualdades (13%) o recibir algún beneficio económico o fiscal (8%).

Esto revela una contradicción central: ayudar es emocionalmente gratificante, pero no logra convertirse en una prioridad sostenida. La satisfacción existe, pero no compite con la urgencia de resolver problemas personales inmediatos. En otras palabras, la barrera no es emocional, sino estructural y contextual.

Cuando se analiza cuál se percibe como la forma más fácil de apoyar una causa importante, 43% opta por donar dinero o cosas, seguido por 30% que considera más accesible donar tiempo mediante voluntariado. Mucho más abajo aparecen cambiar hábitos personales, con 15%, y, compartir información en redes sociales con 12%.

Esta distribución muestra una preferencia por apoyos puntuales y concretos frente a compromisos prolongados o transformaciones personales profundas. Donar algo tangible se percibe como una acción clara, delimitada y de bajo costo emocional, mientras que cambiar hábitos implica constancia, esfuerzo y renuncias cotidianas.

Las razones por las que más personas no ayudan a causas sociales son claras y preocupantes. 63% señala la falta de interés o empatía como el principal obstáculo. En segundo lugar aparece la desconfianza en que la ayuda llegue a quien realmente la necesita, con 19%, seguida por no conocer las causas o no saber cómo ayudar, con 15%. Apenas 3% menciona la falta de tiempo.

La jerarquía de estos datos desmonta uno de los argumentos más comunes: el problema no es el tiempo, sino la desconexión emocional y la desconfianza. La solidaridad se ve erosionada cuando las personas dudan del impacto real de sus acciones o cuando no logran identificarse con las causas.

La percepción sobre el apoyo de las empresas a causas sociales hacia fin de año refuerza este clima de escepticismo. Predomina la idea de que lo hacen principalmente para mejorar su imagen (46%), muy por encima de la creencia de que realmente quieren ayudar (31%).Otras respuestas señalan que lo hacen para cumplir con la ley (19%) o que no tiene un impacto real (4%).

Este juicio social no solo cuestiona la autenticidad de las acciones empresariales, sino que también alimenta la desconfianza generalizada hacia cualquier iniciativa solidaria organizada. Cuando incluso la ayuda estructurada se percibe como marketing, el incentivo para participar disminuye.

Leídos en conjunto, los datos dibujan un retrato claro: México no es un país insensible, pero sí uno profundamente cansado. Las personas reconocen el valor emocional de ayudar, entienden las formas de hacerlo y no rechazan la idea de la solidaridad. Sin embargo, la presión económica, la desconfianza institucional y la prioridad por la supervivencia personal relegan este propósito al final de la lista.

Año Nuevo 2026

Foto: Especial

El Año Nuevo, más que un punto de partida colectivo, se vive como una oportunidad individual para resistir mejor el año que viene. Ayudar a otros se convierte en un lujo emocional que muchos sienten no poder permitirse.

Que la solidaridad sea el propósito menos elegido no habla de una sociedad egoísta, sino de una sociedad replegada. En un contexto donde la estabilidad no está garantizada, las personas primero intentan sostenerse a sí mismas antes de extender la mano.

El reto no está en convencer a la gente de que ayudar es bueno —eso ya lo saben—, sino en reconstruir la confianza, reducir la precariedad y crear condiciones donde la solidaridad no compita con la supervivencia. Solo entonces ayudar dejará de ser el último propósito de Año Nuevo y podrá convertirse en una práctica cotidiana.