ENCUESTAS, DATA Y ANÁLISIS

Día Escolar de la no violencia y la paz

En el entorno escolar mexicano requiere confrontar la realidad de que la violencia entre niñas, niños y jóvenes

Día escolar de la no violencia y la paz en 2026

Foto: Research Land

Redacción  Polls MX

Redacción Polls MX

Publicada: ene 30 a las 16:35, 2026

Hablar de no violencia y paz en el entorno escolar en México implica afrontar la realidad social: la violencia entre niñas, niños y jóvenes no es percibida como un fenómeno aislado, sino como una condición casi cotidiana. Lejos de tratarse de episodios aislados, la experiencia social indica que la violencia se ha normalizado desde edades tempranas, reflejando tensiones más amplias que atraviesan al país entero.

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La escuela, que históricamente ha sido concebida como un espacio de formación y protección, aparece hoy como un escenario donde se juntan problemáticas familiares, sociales y digitales que rebasan sus capacidades tradicionales de contención.

La opinión de la población sobre la frecuencia de la violencia entre niños y jóvenes es alarmante. 70% considera que es muy frecuente, mientras que 25% la califica como algo frecuente. De manera general, 95% reconoce la violencia como una realidad habitual, dejando un margen mínimo para quienes la consideran poco frecuente (4%) o inexistente (1%).

Esta distribución no deja espacio para dudas: la violencia es parte del paisaje cotidiano de la infancia y la juventud. Este reconocimiento colectivo habla tanto de la magnitud del problema como de la normalización con la que se convive con él.

Cuando se analiza dónde ocurre con mayor frecuencia la violencia entre estudiantes, la percepción se divide casi de manera exacta. 43% considera que sucede tanto en la escuela como en redes sociales, mientras que 42% señala que ocurre principalmente en la escuela. Solo 15% cree que se concentra principalmente en redes sociales.

La correlación entre estos datos revela un fenómeno híbrido: la violencia escolar ya no se limita al espacio físico. Las redes sociales no sustituyen al acoso tradicional, sino que lo amplifican, lo prolongan y lo trasladan fuera del horario escolar. La escuela deja de ser un lugar delimitado y la violencia se vuelve constante, acompañando a los estudiantes incluso en sus espacios privados.

Al identificar el principal factor que influye en la violencia entre niños y jóvenes, las respuestas apuntan de manera clara al contexto social. 37% señala el entorno violento del país como la causa principal, seguido muy de cerca por la falta de atención y acompañamiento familiar, con 35%.

Más atrás aparece el uso de redes sociales sin supervisión, con 22%, y finalmente la falta de acciones en las escuelas, con apenas 6%.

Estos porcentajes sugieren una lectura importante: la escuela no es percibida como el origen central de la violencia, sino como el lugar donde se manifiestan problemáticas que se gestan fuera de ella. La violencia se aprende, se observa y se normaliza en otros espacios antes de reproducirse en el aula.

SEP

Foto: Cuartoscuro

Cuando se pregunta quién tiene la mayor responsabilidad para reducir la violencia, la respuesta social no deja dudas. 50% señala a la familia, muy por encima de la sociedad en general, con 28%, y del gobierno y las autoridades, con 17%. Solo 5% considera que la principal responsabilidad recae en la escuela.

Estas respuestas evidencia una percepción bastante obvia: la prevención de la violencia comienza en el hogar. Sin embargo, también expone una tensión estructural, ya que muchas familias enfrentan contextos de precariedad, jornadas extensas y falta de herramientas emocionales, lo que limita su capacidad de acompañamiento efectivo.

En cuanto a las acciones más efectivas para prevenir la violencia y el acoso, la opción dominante es fortalecer la educación en valores y el manejo emocional desde casa, con 57%. Esta cifra refuerza la idea de que la prevención debe comenzar antes de que el conflicto estalle.

Le siguen aumentar el apoyo psicológico y social desde instituciones públicas, con 21%, e implementar programas de prevención y atención en las escuelas, con 16%. Muy lejos aparece supervisar y regular mejor el uso de redes sociales, con apenas 6%.

La lectura integrada sugiere que la sociedad reconoce la importancia de intervenciones estructurales y emocionales, pero no deposita toda la responsabilidad en la regulación tecnológica ni en medidas punitivas.

La violencia entre niños y jóvenes no puede entenderse como un problema aislado del sistema escolar. Es el reflejo de un entorno social marcado por la violencia, la desatención emocional y la fragilidad de los vínculos comunitarios. La percepción social es clara: la solución no pasa únicamente por sanciones, sino por prevención, acompañamiento y reconstrucción del tejido familiar y social.

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Educar para la paz en México implica asumir que la escuela no puede hacerlo sola. Mientras la violencia siga siendo una experiencia cotidiana fuera del aula, seguirá reproduciéndose dentro de ella. La no violencia, más que un ideal conmemorativo, debe convertirse en una práctica cotidiana que se enseñe, se acompañe y se sostenga desde todos los frentes.